miércoles, 31 de diciembre de 2008

(sigh...)





No resuenes tú boca en mi boca
Con un sonido sabor a mentira
No perdures en el tiempo y el espacio
Entre mi llanto y mi gemido
No bebas de mi sangre ni comas de mi carne
Entretén tu susurrante dolor con mi terrible ardor
Vive en la maleza del bosque
En las sombras del perfil
En las manos del escultor
Vive de nuevo, ¡tú vive!
Descubre hoy en el sol un nuevo día
En el mañana una trampa mortal
Reaviva tus emociones con la flor
Resuena todo lo que quieras
Pero en mi boca
Con un sonido sabor a mentira
No resuenes mi dolor.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Otoño anciano.


Dejar de tener en la memoria lo que se tenía o debía tener…


Otoño, te he olvidado en las bóreas de allá arriba,
El tiempo ha pasado y sobre de mí, también se han olvidado,
Poco y opaco café, en verdad, caído y declinado,
Mi edad me ha llegado, queriendo o no aceptarlo,
Ese es tiempo, aquel, fue mi pasado.
Curvaturas negras acarician mi lomo,
Arrugas niveladas degradan mi cara,
Silencio de los ojos ojerosos, triste llanto en un silencio sin lagrimas,
Manos lentas, finamente enmarcadas,
En su era, de grandes acciones embargaban.

Ahora otoño anciano,
Así fue dicho de la suspensión de mi alma,
Rojiza y clara como en la noche más negra,
Bajó la luna ese día, creció la tierra,
Y por un momento entre octubre y noviembre,
Entre el ayer de mi mente, y el ayer de mi hoy,
Viví fulgurosamente sorprendido por la poca aceptación,
De lo que acallaba mi conciencia.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Introduciendo filosofía


Ironías filosóficas.
Gustavo Almanza



Estaba yo, en el año 590 a.C., en la antigua roma, en la época de los siete sabios, entre ellos, mi maestro era Tales de mileto, y como estudiante suyo, en su escuela Jónica, aprendí muchas cosas; nunca creí en él y sus teorías mitológicas, ni en sus respuestas que nos llevaban a las cuestiones de dioses; es más, pensaba que su pensamiento era retrogrado.
¿Será ilógico esto? Soy uno de sus pupilos más devotos y metidos en sus enseñanzas.
En verdad lo odio, y por eso estoy aquí; Él sabe, no tanto, pero sabe, y tiene fama de saber entre todo el mundo, es más su leyenda que lo que él en verdad es.
Así he estado con él, a su regazo, a su sombra por unos 20 años, escuchando toda la tontería que tenía que decir. Sinceramente, fui superior a él, así escribí una teoría del agua, la intente compartir, pero en cuanto supo que era de la vida, no le importo, sacó una de sus teorías tontas sobre la mitología, y seguramente lo olvidó pronto. Ven, en verdad era un idiota. Por ello, acudí con otros filósofos una noche, y les presente mi teoría, la cual decía que todo necesitaba del agua para poder vivir. La presente como proyecto de Tales… No les gusto nada, en verdad estuvieron en desacuerdo, pero no dijeron nada más.
A la próxima semana, le induje la idea a mi maestro poco a poco, dejando pruebas entre sus libros, entre sus notas, como si fueran suyas, al poco tiempo, pensó que eran suyas. Y llego a la misma teoría que yo había desarrollado, tal y como lo esperé, en verdad creí que era un idiota, pero no tanto como para no poder aprender esto.
Propuso de nuevo la teoría sin saber que los filósofos ya sabían, “pobre tonto”, los filósofos respondieron con negatividad, él enfurecido y lleno de orgullo por el rechazo de tan magnífica idea, regreso a su escuela a encerrarse en su estudio; fue así este, mi momento para aprovechar.
Llegué con él y tuvimos el siguiente diálogo:
- Maestro, en cuanto escuché lo sucedido vine.
- Si lo sé hijo mío, es una verdadera desgracia. ¡Filósofos tercos, no escuchan ni saben nada!
- Pero maestro, a eso podemos hacerle algo, tengo una idea.
- ¿Cuál hijo?
- Usted dice que el agua es fundamento de toda vida, así que no beba agua por unos cuantos días, los cambios en usted convencerán a los filósofos.
- Me parece interesante, lo intentaré.
A esto, tales de mileto convencido de que podría cambiar la opinión, de aquellos tercos hombres, dejo de tomar agua, y entre menos le creían, menos agua bebía, al poco tiempo, murió.