viernes, 26 de diciembre de 2008

Otoño anciano.


Dejar de tener en la memoria lo que se tenía o debía tener…


Otoño, te he olvidado en las bóreas de allá arriba,
El tiempo ha pasado y sobre de mí, también se han olvidado,
Poco y opaco café, en verdad, caído y declinado,
Mi edad me ha llegado, queriendo o no aceptarlo,
Ese es tiempo, aquel, fue mi pasado.
Curvaturas negras acarician mi lomo,
Arrugas niveladas degradan mi cara,
Silencio de los ojos ojerosos, triste llanto en un silencio sin lagrimas,
Manos lentas, finamente enmarcadas,
En su era, de grandes acciones embargaban.

Ahora otoño anciano,
Así fue dicho de la suspensión de mi alma,
Rojiza y clara como en la noche más negra,
Bajó la luna ese día, creció la tierra,
Y por un momento entre octubre y noviembre,
Entre el ayer de mi mente, y el ayer de mi hoy,
Viví fulgurosamente sorprendido por la poca aceptación,
De lo que acallaba mi conciencia.

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