sábado, 10 de enero de 2009


- ¡Vengan! ¡Corran ya!

Los disparos venían desde abajo de la colina, eran rifles, nos encogíamos y escuchábamos un leve silbido pasajero por encima de nuestras cabezas, unos se encogían menos y caían ahí, en el suelo, quedaban todos sin vida ya, con los ojos blancos y la boca abierta, el rostro sucio y las manos abiertas. Los que sí nos salvamos, nos metimos en la cueva azul, había minerales y agua entre tantos y tantos otros pasos, el reflejo del agua sobre los cristales y el techo nos hacía perdernos y separarnos, pronto, cada uno estuvo solo y acompañado por su reflejo. Los disparos los seguíamos escuchando, y ahora menos solos estábamos, con por aquel trecho tan estrecho en el que todo resonaba, y cada disparo era como mil cañones acechando nuestros talones, mordisqueando nuestras prendas. De pronto, Manuel grito:


- ¡Ay me dieron, cabrones! ¡Hijos de puta!


Yo corrí a la voz, todos lo hicimos, Manuel era capitán y guía para todos, y no lo dejaríamos así, y así como por instinto, llegamos a una parte amplia en la cueva, allí había de todo tipo de cristales raros, pero no había Manuel verdadero, sólo reflejos de entre todos y la voz de nuestro capitán, ya bien adentrados, nos vimos entre un punto en el cual, distintos caminos llegaban,


- ¡Ay!


Corrimos aún más, todos con los rifles y las pistolas aferradas al cinturón y a los brazos, después de eso, la balacera, todos tirados, ensangrentados y llorosos, allá al fondo, estaba el capitán, sanito y salvo como siempre, con los rifles, con aquellos de abajo en la colina, de pronto el capitán desenfundó y me dejo en el suelo bien molido y lleno de sangre.


- ¡Ay!


Y sólo eso pude decir.

viernes, 2 de enero de 2009

Siempre he pensado que mi corazón me pesa.

Tiempo atrás yo solía vivir en un pueblo muy tranquilo, donde poca gente solía llegar, el camino a este pueblo era de ida y de regreso, y no llegaba a otro lugar más que al pueblo. ”Más allá de las montañas” Solíamos decir, pues era un lugar en verdad tranquilo y encerrado, rodeado de montañas que lograban inundarlo de nieve y hielo en gélidos diciembres, de sombra en calurosos veranos, de flores en hermosas primaveras y de las mismas muertas en nostálgicos otoños.
Saben, en verdad era un lindo lugar para vivir, fue ahí, en especial donde recuerdo a mi primer amor, su nombre era Laura, y su sonrisa iluminaba mis mañanas, siempre podía confiar en ella, y aunque era muy vulnerable muchas veces, siempre pensé que era linda y muy buena, la dejé de ver debido a sus estudios, ella quería ser alguien en esta vida y salir de ese pueblo, intenté que fuera mía, y que viviera a mi lado, que su gloria fuera la mía, y vivir hasta ancianos, pero en verdad amaba más a su libertad. Prolongaría mucho esto si no me atreviera a decir, que todavía la amo, y que extraño sus caricias y sus miradas en la mañana al despertar.
El tiempo paso y me fue llevando como yo no pude a él, me dejé, me liberé, y al poco tiempo me di cuenta que no podría seguir entonces en aquel pueblo, dejaría todo, mi familia, mis amigos y a todos aquellos recuerdos que una vez consideré dorados, ahora, sería tiempo, y aquel sería mi pasado, mi madre siempre solía decir, que para poder seguir adelante, uno tiene que dejar atrás su pasado.
Obscurecí ahora mis ojos para poder ver de nuevo, una mirada más pura rodeaba mi cabeza, un nuevo lugar, simplemente distinto, no diré ni un detalle, sólo un lugar, gente, construcciones, perros, más gente, entre gente y gente, conocí a alguien. No entraré detalles, simplemente persona, corazón olor a rosa, manos a blancura pesada en tintineantes chorros de humeante sangre escarmentada en todo mi corazón escarlata, jamás mi corazón había estado tan grande, ni tan rojo, ni pesado… el amor había golpeado mi tranquila armonía, y junto con ella la vi, y de nuevo respiré, no sería Laura, no, pero sería ella yo lo sé, y entonces habré entendido.


miércoles, 31 de diciembre de 2008

(sigh...)





No resuenes tú boca en mi boca
Con un sonido sabor a mentira
No perdures en el tiempo y el espacio
Entre mi llanto y mi gemido
No bebas de mi sangre ni comas de mi carne
Entretén tu susurrante dolor con mi terrible ardor
Vive en la maleza del bosque
En las sombras del perfil
En las manos del escultor
Vive de nuevo, ¡tú vive!
Descubre hoy en el sol un nuevo día
En el mañana una trampa mortal
Reaviva tus emociones con la flor
Resuena todo lo que quieras
Pero en mi boca
Con un sonido sabor a mentira
No resuenes mi dolor.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Otoño anciano.


Dejar de tener en la memoria lo que se tenía o debía tener…


Otoño, te he olvidado en las bóreas de allá arriba,
El tiempo ha pasado y sobre de mí, también se han olvidado,
Poco y opaco café, en verdad, caído y declinado,
Mi edad me ha llegado, queriendo o no aceptarlo,
Ese es tiempo, aquel, fue mi pasado.
Curvaturas negras acarician mi lomo,
Arrugas niveladas degradan mi cara,
Silencio de los ojos ojerosos, triste llanto en un silencio sin lagrimas,
Manos lentas, finamente enmarcadas,
En su era, de grandes acciones embargaban.

Ahora otoño anciano,
Así fue dicho de la suspensión de mi alma,
Rojiza y clara como en la noche más negra,
Bajó la luna ese día, creció la tierra,
Y por un momento entre octubre y noviembre,
Entre el ayer de mi mente, y el ayer de mi hoy,
Viví fulgurosamente sorprendido por la poca aceptación,
De lo que acallaba mi conciencia.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Introduciendo filosofía


Ironías filosóficas.
Gustavo Almanza



Estaba yo, en el año 590 a.C., en la antigua roma, en la época de los siete sabios, entre ellos, mi maestro era Tales de mileto, y como estudiante suyo, en su escuela Jónica, aprendí muchas cosas; nunca creí en él y sus teorías mitológicas, ni en sus respuestas que nos llevaban a las cuestiones de dioses; es más, pensaba que su pensamiento era retrogrado.
¿Será ilógico esto? Soy uno de sus pupilos más devotos y metidos en sus enseñanzas.
En verdad lo odio, y por eso estoy aquí; Él sabe, no tanto, pero sabe, y tiene fama de saber entre todo el mundo, es más su leyenda que lo que él en verdad es.
Así he estado con él, a su regazo, a su sombra por unos 20 años, escuchando toda la tontería que tenía que decir. Sinceramente, fui superior a él, así escribí una teoría del agua, la intente compartir, pero en cuanto supo que era de la vida, no le importo, sacó una de sus teorías tontas sobre la mitología, y seguramente lo olvidó pronto. Ven, en verdad era un idiota. Por ello, acudí con otros filósofos una noche, y les presente mi teoría, la cual decía que todo necesitaba del agua para poder vivir. La presente como proyecto de Tales… No les gusto nada, en verdad estuvieron en desacuerdo, pero no dijeron nada más.
A la próxima semana, le induje la idea a mi maestro poco a poco, dejando pruebas entre sus libros, entre sus notas, como si fueran suyas, al poco tiempo, pensó que eran suyas. Y llego a la misma teoría que yo había desarrollado, tal y como lo esperé, en verdad creí que era un idiota, pero no tanto como para no poder aprender esto.
Propuso de nuevo la teoría sin saber que los filósofos ya sabían, “pobre tonto”, los filósofos respondieron con negatividad, él enfurecido y lleno de orgullo por el rechazo de tan magnífica idea, regreso a su escuela a encerrarse en su estudio; fue así este, mi momento para aprovechar.
Llegué con él y tuvimos el siguiente diálogo:
- Maestro, en cuanto escuché lo sucedido vine.
- Si lo sé hijo mío, es una verdadera desgracia. ¡Filósofos tercos, no escuchan ni saben nada!
- Pero maestro, a eso podemos hacerle algo, tengo una idea.
- ¿Cuál hijo?
- Usted dice que el agua es fundamento de toda vida, así que no beba agua por unos cuantos días, los cambios en usted convencerán a los filósofos.
- Me parece interesante, lo intentaré.
A esto, tales de mileto convencido de que podría cambiar la opinión, de aquellos tercos hombres, dejo de tomar agua, y entre menos le creían, menos agua bebía, al poco tiempo, murió.